Un viaje al Valle de Cocora

Esta vez el viaje inicio en Salento. De cómo llegamos allí, el hospedaje fortuito pero maravilloso y la experiencia de estar en la Feria de ese pueblo hablaré en otra entrada; por ahora lo importante es mencionar que fue el lugar de salida, desde este punto recomiendo preparar la información del Valle de Cocora o del siguiente destino a visitar, pues lo más probable es que no se tenga señal óptima por la zona.

Tal vez es una de las cosas que más me gustó del Valle de Cocora, llega un momento en el que se pierde la señal (por lo menos de mi operador). Entre los bosques y las montañas no llegan las ondas y ni hablar de la posibilidad de tener señal más adelante en el parque de los nevados, que, según lo que nos dijeron, queda aproximadamente a tres días desde el Valle de Cocora (por eso no pudimos ir, teníamos el tiempo algo contado y pensábamos que se tardaba mucho menos llegar)
Perdón si soy algo desordenado, es mi primera entrada y trataré de contar lo que más pueda de los lugares que visitó (o he visitado), para que quien lo lea pueda tener acceso a la información más fácilmente y con los pormenores del caso, eso que a veces tenemos que pasar cuando viajamos pero que nadie nos cuenta, en fin

.
Hilltop Hostel (Salento – Quindío)

Comenzamos el día con un delicioso Shakshuka, preparado en el Hilltop Hostel, donde llegamos por pura suerte. Pese a que el día estaba muy soleado sobre las 09:00 a.m. la piscina estaba helada. Las personas del Hostel nos dijeron que mientras más calor hacia en la mañana, mayor era la sensación de frío de la piscina, al principio no queríamos entrar pero para mí realmente fue reconfortante cuando me sumergí, el espacio estaba tan bien adecuado que incluso pudimos tomar el sol un rato con mucha tranquilidad y a esa hora de la mañana no había muchas personas, supongo que también tiene que ver con que la feria tiene una fiesta donde todos terminan muy tarde, por eso nadie estaba despierto.

Luego de una ducha, fuimos a buscar los Jeeps que van al Valle de Cocora, caminamos al parque, que es el lugar donde usualmente se da la salida, según nos dicen, pero, por ser un día de Ferias y Fiestas se cierran las calles del parque,, por lo que debíamos andar unas cuadras más. El pueblo estaba muy lleno de turistas, en general Salento es así, pero cuando hay ferias es increíblemente lleno.

Los Jeeps salen sobre los 30 minutos de cada hora, por ejemplo nosotros lo tomamos a las 13:30 y el último servicio era a las 4:30 p.m. Tiene un costo de 4 mil pesos por trayecto, es decir 8 mil pesos ida y regreso por persona, me pareció económico para el transporte en general de la zona, aunque en realidad es muy cerca, se tarda entre 25 a 30 minutos.
Me parece importante tener en cuenta, si se va en auto, que al llegar al Valle de Cocora se encuentran lugares para parquear, sin embargo el día que fuimos estaba demasiado lleno, por eso creo que puede ser más incómodo (por qué hay trancones muy largos para salir y entrar al Valle y a Salento).
Es posible reservar pasajes para los Jeeps con anticipación en los lugares autorizados que se encuentran en Salento y en el Valle, pero es importante estar en las horas definidas para las salidas. Un dato importante es que aunque salen cada hora, los Jeeps están disponibles a demanda en la casos que haya muchas personas. Cuando nosotros estuvimos digamos que salieron con un intervalo de 5 minutos, lo más demorado fue hacer la fila y esperar los carros.

La vista en el camino es muy agradable, el paisaje inicia apenas saliendo de Salento, donde una carretera angosta que atraviesa la montaña se adhiere a la forma y vegetación existente. Ahora pueden verse, además de algunos cafetales, varios cultivos de Aguacate, algunas personas dicen que en unos años se reconocerá a Salento y sus alrededores por los cultivos de aguacate, pero no creo que le haga frente al café tan pronto.

En el trayecto de ida tuvimos suerte, porque éramos los primeros de la fila que se subía al siguiente Jeep, por eso elegimos las sillas de en frente, así pudimos apreciar el paisaje de frente, además de ver las condiciones del carro en el que íbamos, la pintura de colores representativos (rojo, verde, amarillo. Etc), así como cada uno de los elementos que hacían que este auto fuera único. Cada dueño lo «engalla» (lo customiza o lo «enchula») a su antojo, así que se pueden ver desde Jeeps que llamo «minimalistas», porque no tienen ningún adorno más que piezas de buena calidad, hasta Jeeps que no tienen un lujo más porque no tendrían espacio de visión (esos son los más engallados).

Para quiénes no conocen los Jeeps, que también son conocidos en la región Cafetera o en Antioquia cómo «Willys», «Yipaos» o «Jeepaos»; Estos son vehículos 4×4 que tienen mucha potencia para moverse en condiciones climáticas y geológicas como las de la región cafetera. En su gran mayoría es zona Boscosa Tropical y el terreno en su mayor extensión es montañoso, el clima es agradable y se mantiene entre los 16 y 29 grados centígrados, aunque tiene sectores de montaña con nevados que pueden estar a -8 grados centígrados. Esto implica que existan zonas de difícil acceso, dónde la carretera no está pavimentada por un montón de razones que me llevarían a hacer análisis sociales, políticos y económicos de la región (pero no lo haré en el post, a alguien le interesa hablar del tema?).

El caso es que los autos normalmente quedan estancados, incluso muchas camionetas 4×4, que seguramente logran salir más fácil que un automóvil, pero de los Jeeps, me imagino que fueron diseñados con propósitos qué sirven mucho a estas regiones. Son un medio de transporte útil, seguro (en cierta medida) y con la potencia suficiente para llevar a veces hasta 12 pasajeros (mal contados), con maletas, encargos, frutas, verduras, animales o lo que sea que quepa en un viaje. Por eso creo que se asocian tanto a la cultura cafetera o paisa, porque son casi iguales de guerreros a sus dueñas/os.

Entonces, íbamos en los puestos de adelante, una silla horizontal dónde cabe la persona que conduce y dos pasajeras. En la parte de atrás hay dos sillas a cada lado del Jeep, allí caben entre 6 a 8 personas (bien acomodadas dirían). Suele ser un lugar de interacción entre personas locales y viajeras (muchas/os turistas conocen personas con las que van a hacer recorridos después de un Jeep). Y finalmente hay una especie de bomper trasero que es más una parrilla, dónde usualmente se van personas de pie, porque claro, tampoco hay una amplia disponibilidad de transporte. La parte de arriba de auto también se usa para amarrar paquetes y cualquier elemento que se quiera transportar.

En el camino, antes de llegar, también se ven algunos hoteles que suelen ser campestres, hay lugares para acampar, hostels, hasta glampings o también hay personas que rentan habitaciones en sus casas. Es posible encontrar lugares por muchas aplicaciones o páginas. Nosotros no planeamos con suficiente anticipación este viaje, por eso no revisamos opciones de hospedaje, pero su costó oscila entre treinta mil pesos ($30.000) y ciento ochenta mil mil pesos ($180.000) colombianos.

Me pareció que el Valle de Cocora no está bien delimitado, en realidad yo no supe que habíamos llegado, hasta que el Jeep entro a un terreno que sirve de parqueadero o «estación» de Jeeps. Es solamente un lote dónde ingresan dejan personas y recogen pasajeras/os.

Alrededor hay muy pocos restaurantes, y aunque hay varias opciones la recomendación es caminar un poco, porque parece que es una especie de pueblo pero no se sabe bien dónde inicia o donde termina, por eso yo pensaba que solo había tres lugares donde se podían alquilar caballos, dos tiendas y un restaurante, pero en realidad al lado del parqueadero habían más tiendas y caminando cómo 30 metros en sentido a las montañas, se pueden encontrar otros restaurantes.

Creo que depende de la hora que uno va al Valle se puede gestionar con anticipación la alimentación de mejor manera, quiero decir, uno puede desayunar y salir y llevar refrigerios, lo mismo al almuerzo; armarse de paciencia para buscar un lugar adecuado dónde encuentre su dieta o conformarse con el lugar desocupado que se tenga a la mano. Llevar sándwich, comida preparada o enlatados es una opción, la visita del lugar no es tan larga, a menos que el objetivo del viaje sea ese, pero es suficiente con una horas.

En ese sentido me sentí decepcionado, la comida es muy importante en los viajes y aparte que no hay opciones llamativas que se pueda decir que representan a la región, por ejemplo las opciones vegetarianas son escasas, podría decir que pobres, aunque finalmente encontramos buena opción para nuestras dietas y además llevábamos agua y otras cosas para comer, «por si acaso».

Debo decir que este era uno de los destinos que desde hace mucho estaban subrayados en mi mapa, y no quiero que mal interpreten pero sobredimensionaba lo que era el Valle de Cocora. Me imaginaba kilómetros y kilómetros de montañas cubiertas por palmas, pero no es tan grande. Cuando Sebastián me decía que pensaba que era pequeño yo en mi cabeza solo podía imaginar que íbamos a pasar horas y horas caminando.

Pues si caminamos, pero primero no hay nada de señalización, así que, cómo no llevábamos mucha información, nos pusimos a caminar revisando opciones de cosas para hacer, porque no hay una oficina de turismo dónde te muestren el camino o te brinden opciones. Tuvimos que pasar una vergüenza o yo por lo menos casi exigiéndole a un trabajador de una empresa que me contará el recorrido y el ya no tenía servicios.

El caso es que el Valle es más o menos libre, es una zona militarizada (supuestamente para cuidar el medio ambiente restringiendo el acceso, aunque no hay percepción de inseguridad en la zona), uno puede decidir si come algo o va directamente a los lugares emblemáticos del espacio. También puede decidir si va a pie o va en caballo pagando una persona guia y acá es donde todo se puso extraño para mí.

Nunca se encuentra información sobre cómo se puede llegar a ciertos espacios, pero si se muestran algunas zonas en un mapa donde se trazan rutas a miradores, cascadas o el río, que tienen costos entre treinta mil ($30.000) y ciento veinte mil pesos ($120.000) colombianos (este valor es por persona y debe sumarse el mismo valor por contratar a una persona guia que lleva al grupo, por eso puede ser más conveniente cuadrar en grupos grandes para contratar una sola persona guia, esto reduce algo los costos, (especialmente para los miradores más lejanos). La diferencia está en el tiempo de cabalgata y los lugares que se visitan. La cabalgata con valor más bajo es de casi una hora y media y la del valor más alto tarda alrededor de tres horas y media. Lo que no se indica es que se puede acceder a estos mismos lugares caminando y que se puede tardar el mismo tiempo, toda vez que la persona guia va caminando al lado de los caballos rentados.

Entonces, se puede ir a los miradores, el río y las cascadas, para lo cual se debe contar con tiempo suficiente. En algunos espacios se cobra el ingreso, esto tiene que ver con que el Valle de Cocora tiene muchas propiedades privadas que están empezando a explotar sus ventajas panorámicas para que las personas se tomen fotos, el espacio debería ser realmente del Estado, pero la zona estatal está unos kilómetros más al interior de la montaña en el parque de los nevados.

Nosotros caminamos a un mirador, que resultó estar en una montaña muy cercana a la zona de restaurantes. Aunque no teníamos mucho tiempo, tuvimos un espacio increíble dónde nos sentamos simplemente a ver alrededor y disfrutar del paisaje.

Nos cruzamos con montones de personas que se tomaron fotos muy interesantes, realmente la vista del lugar es asombrosa y la cantidad de palmas es amplia, pero nos los voy a engañar, no son millones de palmas, por lo menos unos cientos (espero que cada vez sean más). En algunas partes se pueden ver a lo lejos muchas palmas juntas, erguidas y siempre moviéndose al compás del aire helado que usualmente pasa por allí.

El atardecer desde casi cualquier mirador es maravilloso, incluso en la zona baja del Valle se puede apreciar de manera increíble, como el sol se va poniendo y deja el valle sin luz. Nuestro atardecer fue particularmente hermoso, con tonos rosa, rojos, amarillos y azules, y seguro que una foto no le hace justicia.

Bajamos con calma pero sobre el tiempo a la fila del Jeep de regreso. Habían montones de personas, que en mi conteo mental hacían unas 60 queriendo regresar a Salento. La fila fue algo demorada, más por la incomodidad del espacio de espera que por la espera en si. No hay dónde sentarse, hay muchas personas, hace bastante calor a cierta hora del día y el frío cuando inicia la noche, es un espacio al que van muchas familias entonces hay niñas/os, adultos mayores y se siente la impotencia de poder acomodarles de una manera más adecuada, sin embargo, los operadores de los Jeeps hacen lo que pueden, realmente se sentía el servicio que desean prestar, siempre informando y calmando a todas con un: «tranquilos que vienen unos seis «Yis» en camino y a todos los vamos a ir acomodando», hasta qué, por lo menos nosotros nos fuimos en unos cuarenta (40) minutos. Es un factor a considerar también a la hora de viajar en fechas concurridas.

De regreso, nos subimos a la parte trasera de un Jeep, en la parrilla desde donde podíamos ver por encima del techo hacia la carretera y directamente al atardecer, mientras el auto recorría el sendero vimos a nuestra espalda colores oscuros y azulados mezclados con neblina que bajaba ya por las montañas y de frente, un espectáculo de nubes rosa y naranja que se hacían violeta al pasar el tiempo.

Habíamos pensado durar más tiempo en el Valle, pero no había un solo lugar para quedarnos, por eso decidimos volver a Salento y a Pereira, dónde finalmente nos quedamos esa noche.

Definitivamente es un lugar al que quiero regresar, hay muchas cosas por hacer, muchas fotos que tomar y kilómetros que caminar hasta el parque de los nevados, por ahora me quedan las imágenes más coloridas del Quindío en un solo lugar, que, pese a que no puedo decir que este explotado de manera responsable y adecuada, es un espacio para experiencias muy interesantes.